martes, 8 de marzo de 2011

Hallazgos



Desde siempre me gustaron mucho los libros. Me gusta el objeto y obviamente, me gusta mucho leer. Desde chica ya tenía muchos, pedía que me compraran libros para reyes y cumpleaños. En la adolescencia recuerdo haber empezado a leer a Cortázar, convirtiéndome en una gran fan suya. Antes de los 22 años ya había leído toda su obra. Después llegó Freud y textos más universitarios, pero tratando de tener siempre algún que otro librito en la mesita de luz. Cuando conocí  a mi marido,  empecé a conocer un montón de autores maravillosos. Carver, Salinger, Chéjov, Wolf, Capote, Fitzgerald.
Pero todo esto venía porque encontré un librito de cocina genial. No tanto por sus recetas o fotos, que son preciosas, sino porque es un libro de recetas que hizo mi abuela. Lo encontré en la casa de mis viejos y rápidamente me lo apropié!. Al parecer, hace algunos años, junto con la Maicena o el polvo Royal, venían unos pequeños recetarios con el objetivo de  ayudar a las florecientes amas de casa de los años 50´. Entonces, mi abuela juntó un par de ellos, los hizo encuadernar, y este libro a partir de ahora, pasó  a formar parte de mi pequeña e incipiente colección de libros de cocina. Todavía no tuve tiempo de probar las recetas, pero ya tengo algunas en mente para hacer, que cuando las cocine, se las paso.
Lo quería compartir porque me encanta encontrar estos objetos tan valiosos, y poder rescatar esas recetas con sabores y perfumes que tanto nos recuerdan a las cocinas de nuestras abuelas.

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