sábado, 13 de noviembre de 2010

Bajo cero

Cuando era chica en mi casa había una máquina de hacer helado. Recuerdo que era de aluminio o un material similar. Ahora podría venderse bastante cara en esas casas de deco palermitanas retro.
Un día hice helado de crema americana. Cuando estuvo listo, agarré una cuchara, y me lo comí todo sola!! casi me muero del dolor de panza! quedé tan asqueada, que al día de hoy jamás pude volver a tomar helado de americana.
Tengo muchos recuerdos de helados. Quizás porque en mi casa había pileta y lo mejor, siempre pasaba en verano. Además mi papá tenía un negocio en el centro y al lado estaba la heladería “Iris”, que el dueño se llamaba Tito y siempre me regalaba helados.
Para mí los helados tienen algo de infancia, de festivo. Pero también de compartir, de reunión. Una vez, no sé por qué, fui sola a una heladería. La verdad, mucho no me gustó. No me parece un lugar copado para ir sola.
También me gusta mucho el helado para armar postres. La sensación del helado con algo tibio, me fascina!. Uno de mis postres favoritos es el crumble de banana y arándanos con helado de crema chantilly. El crumble también puede ser de pera o manzana, depende la estación del año. También me gusta mucho con un brownie tibio o un volcán de chocolate.
Para tomar sólo helado, prefiero los de Persicco. Aunque Freddo está muy bien, Volta es genial, pero ahora no tengo ninguno cerca.
Me gustan los sabores bien intensos, súper engordantes, cuánto más dulces y con más cosas, mucho  mejor. Los de agua me gustan un día si hace mucho calor, no más.
La combinación, sea de donde sea, siempre es dulce de leche, chocolate, vainilla y algún otro, si es que compramos ½ kilo. Mi favorito, el chocolate goldoni, con avellanas y cereales bañados en chocolate.
Me encanta que lleguen estas nochecitas, donde un buen helado es la combinación perfecta para una buena compañía. Un amigo, tu pareja, un amante, una peli, una serie.

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